amargo
Pero los elementos más enemigos son los más contrarios, como el frío y el calor, lo seco y lo húmedo, lo amargo y lo dulce y los otros de la misma especie.
-Pos lo que ha conseguío además de aliviarse de eso amargo que tú dices...
Esta, o por tierra culta o por floresta, a gran paso velozmente la guía intentando endulzarle, sin embargo, con grata charla aquel camino amargo.
Y así, si he dicho en mil veces pasadas, de viva voz o con mi pluma y arte, que hay mal leve y hay mal amargo y fiero, piensa que lo que digo es verdadero.
Como dos claros pozos de tranquilas aguas en cuencos de marmórea roca, se remansaba el llanto en sus pupilas sobre el rictus amargo de su boca.
Con verdad os declaro que, en toda mi existencia, desde que en la infancia alborearon en mí los primeros destellos de la razón, hasta ahora que he llegado a la madurez de mi virilidad, siempre hice todo según lealmente lo entendí, y jamás dejé por hacer nada que creyese útil a nuestra Patria y a la gran causa que durante tanto tiempo me cupo la honra de acaudillar. Volveré, os dije en Valcarlos, aquel amargo día, memorable entre los más memorables de mi vida.
( Stendhal-Beyle, por Arturo Chuquet.) Cargada de alegrías y de tristezas, como nave de largo crucero, termina ahora esta larga existencia ejemplar. Triunfadora y derrotada ha puesto sus labios en lo más dulce y lo más amargo.
Mas sintiendo ceder su amargo duelo Y el alma serenarse cada día, Volvió a la sociedad, y halló consuelo En lo que un tiempo su placer tenía; Y el consuelo por puntos aumentando Se iba por puntos en placer tornando.
Hay cosas que yo no puedo detallar como es debido: unas, porque se han perdido y otras, porque tengo miedo; pero ya que en el enriedo los metí, pido atención, que, si la imaginación me ayuda en este momento, conocerán por mi cuento LA LEYENDA DEL HORCÓN Alcancenmén un amargo pa que suavise mi pecho, que voy a dentrar derecho al asunto, porque es largo; haré juerza, sin embargo, llegar hasta el final, y si atiende cada cual con espíritu sereno, verán como un hombre güeno llegó a hacerse criminal.
¡Ea!, tome, y agradezca la limosna.» Y así diciendo, el portero una moneda le arroja, y las espaldas le vuelve dando un portazo de cólera. Quedó el miserable solo con el carmín de la honra sobre la faz, y en los párpados, de llanto amargo, dos gotas.
-¡Ya lo está usted oyendo, señorita Angustias! -exclamó al fin en son muy amargo y triste-. ¡Me ha calumniado usted inhumanamente!
Pedro Antonio de Alarcón
Y Subercasaux dejaba otra vez el machete o la azada para ir a buscar su caballo, que ya sudaba al sol sin moverse. Malas aventuras aquellas, que le habían dejado un amargo sabor y que debían comenzar otra vez.
Horacio Quiroga