boda

Júzguese lo que añadirían al difundirse la extraña noticia de la boda, y al saberse que don Fortunato, no sólo dotaba espléndidamente a la sobrina del cura, sino que la instituía heredera universal.

Emilia Pardo Bazán

Fijóse el día de la boda, y la víspera hubo grandes iluminaciones en la ciudad, repartiéronse bollos de pan y rosquillas, los golfillos callejeros se hincharon de gritar «¡hurra!» y silbar con los dedos metidos en la boca...

Hans Christian Andersen

Por los pliegues asomaban unos angelitos preciosos. Sí, escuchó cosas muy agradables, y al día siguiente era la boda. Regresó al bosque para instalarse en su cofre; pero, ¿dónde estaba el cofre?

Hans Christian Andersen

La boda pues, acordóse, E impaciente don Garcia Casóse en Santa María Aun no trascurrido un mes; Castilla y Tolosa hicieron En las fiestas competencia Y hubo festin y licencia Muchas semanas despues.

Catherine se hallaba asustada, pues había oído decir bastantes veces que Barba Azul había tenido muchas mujeres y que a todas las había ido matando a los pocos días de la boda.

– Aquí tienes a mi sobrino –dijo Javotte a Eustaquio, mirándole con sus grandes ojos azules y sonriendo satisfecha–. Ha conseguido un permiso para venir a nuestra boda, ¿qué bien, verdad?

Así, pues, vamos a almorzar; luego jugaremos al tute; y, a la tarde, cuando venga el Marqués, le preguntaremos si quiere ser padrino de nuestra boda; cosa que el buen señor está deseando, en mi concepto, desde la primera vez que nos vio juntos.

Pedro Antonio de Alarcón

Tenían ya bisnietos, y pronto celebrarían las bodas de oro, aunque apenas se acordaban ya del día de su boda; el hada, desde el árbol, parecía tan satisfecha como esta de aquí.

Hans Christian Andersen

allá el muezzín que murmura una sura del Korán: allá lejana campana de cristiana catedral: allí la audaz gritería de insurrección popular; allá arrullo de palomas; allí el fragor de un volcán; allí la trompa de guerra, un mandolín más allá: aquí el brindis de la boda, allí un salmo funeral… todo el rumor de la tierra; más lejos… el de la mar…; más lejos… los ruidos vagos del aire en la inmensidad: una aura que en él suspira… un eco que en él expira… un átomo que en él gira… un vagido…, un son fugaz que en él vaga, que vacila, que se apaga, que titila, que se queja, que se aleja, que se va; que perdido ya no da son ni ruido… ¡Se fué ya!

Ya sp imaginará el lector que esta singular manera de hacer una boda no cayó en gracia á la créme limeña, (¡ue ello fué la comidilla de todas las conversaciones, en las que á doüa Angela se la ponía como á hoja de perejil.

Anda y entra a verla para decirle que te casarás con ella. El TOUEYO hizo lo que se le mandó y al poco tiempo se realizaron los festejos de la boda.

Le ví, mi pasión habló, su fuerza exhalando toda, y, suspendida la boda, un plazo se me otorgó, para que mi esfuerzo activo juntara un caudal honrado.