bronca
Vete, ligera brisa; quiero estar solo. Fuése la brisa, pero en la cabellera bronca del vagabundo quedó apresada la angustia humana.
Práxedis G. Guerrero
Si yo le gusto a usté tanto, usté me gusta a mí mucho; y si yo le gusto a usté y usté me gusta a mí, pos no habrá bronca en los tendíos; porque como Curro y mi comadre...
Entonces vi uno que se encontraba ubicado en un escritorio de color ocre y fascinado comencé a leer su título… Historias de la brujita Brujilda y los bravucones libreros Eran crónicas de brujerías en broma, escritas en acertijos por una brujita escritora. En mi libreta escribí algunos que me parecieron muy chistosos: -Que la bronca cobra se vuelva una liebre súper libre.
Llegó ligera brisa; y a los pulmones del vagabundo penetró algo asfixiante; oyó que en las madejas de su cabellera bronca gemía una voz extraña.
Práxedis G. Guerrero
Mi tío abadió dos billetes de veinticinco. – Tampoco es bastante: no ha habido ni una sola bronca. Mi tío alargó un tercer billete de veinticinco, y entonces el maestro le entregó su bastón y se despidió.
Si ha cesado la chillería del deletreo, es para empeorar: la voz de Toto, atascada por el desarrollo de las glándulas parótidas, se destaca bronca y cerril sobre ese fondo de ruidillos a cual más fastidioso...
¡Animal, despiértate! -¡Eh! -exclamaba el reig entre dos ronquidos con su bronca voz de borracho. -Que te despiertes. Hay por ahí un belén de mil demonios.
Vicente Blasco Ibáñez
- No te abriremos,- exclamaron, - no eres nuestra madre. Ella tiene una voz suave y cariñosa, y la tuya es bronca: eres el lobo. Fuese éste a la tienda y se compró un buen trozo de yeso.
Hermanos Grimm
«Por aquí caminarás, frente a esta esquina no debes pasar, a tal 'fioca' no hay que saludarlo. No armes bronca con esa mujer». Todo hay que enseñárselo.
Roberto Arlt
M.A.B.: Yo me asombraba a mi misma de que estuviera tranquila. Con una bronca muy, muy grande, por la imposibilidad de poder tener aunque sea una mínima reacción.
—¡Yo!, replicó la condesa con voz descompuesta y cóncava. —Vos misma», le dijo el conde con voz iracunda y bronca. Postróse Sancho de hinojos, sentencia tan horrorosa al escuchar, pero en vano, nada a don García asombra.
Saltó irritado del lecho y asomóse con faz torva por la ventana, exclamando con voz enojada y bronca: «¿Quién es, a quién diablos busca?», y otra voz, dulce, armoniosa, como el rumor de las aguas y el murmullo de las hojas, «yo», dijo desde la calle, a cuya sílaba sola en las venas de Genaro helóse la sangre toda.